Parte 3: “Con sal de Zipaquirá fue bautizada la República de Colombia”.

Hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX Colombia, al igual que otros países suramericanos, se encontraba librando batallas por la emancipación de sus territorios, los cuales estaban bajo el control del imperio español desde mediados del S XVI. Para el caso de Colombia dichos esfuerzos tuvieron su momento cumbre el 20 de julio de 1810, fecha en que los colombianos celebramos el día de nuestra independencia. Sin embargo hay quienes afirman que la verdadera independencia se logró nueve años después en la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819; mientras que otros aún más escépticos aseguran que la verdadera independencia no se ha logrado hasta la fecha.
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Repasando la memoria histórica de Zipaquirá encontramos en el Palacio Municipal, sede de la administración pública, una serie de placas conmemorativas que narran los hechos aquí referidos, siendo una de las más célebres la que inmortalizó las palabras pronunciadas por el expresidente Alberto Lleras Camargo en 1960: “Yo diría que con sal de Zipaquirá fue bautizada la República”. De hecho sabemos que en 1816 Zipaquirá cedió voluntariamente las riquezas de las salinas a la Junta de Gobierno de Santa Fe (hoy Bogotá DC), contribuyendo efectivamente a la victoria lograda por los criollos en la Batalla de Boyacá. Recordemos que en 1814 con la llegada a Zipaquirá del sabio Alexander Von Humboldt, la economía salinera sufrió importantes avances pasando de un proceso de aprovechamiento artesanal a cielo abierto a un sistema de explotación minera por galerías subterráneas, lo cual significó un aumento considerable en el volumen de producción del preciado mineral.

De acuerdo con lo anterior podemos concluir que el aporte económico y humano hecho por Zipaquirá fue determinante para la emancipación de la República de Colombia pues la riqueza que generaba la naciente industria de la sal permitió financiar las empresas independentistas aludidas. Cabe resaltar que sólo hasta el año 2002, 186 años después, y luego de una esmerada gestión de la administración municipal de ese entonces, el Estado colombiano decidió devolver a la ciudad el derecho a gozar del usufructo de la explotación salinera y de su Catedral de Sal, lo cual hace aún más loable el sacrificio de los zipaquireños en favor de la causa nacional.

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